Agentes y seguridad · 6 de noviembre de 2026 · 1 min de lectura
Un asistente contesta. Un agente actúa: envía un correo, crea una factura, cambia una reserva. Eso ahorra horas, pero un error ya no se queda en una respuesta equivocada. OWASP, la referencia en seguridad de aplicaciones, señala la autonomía y los permisos excesivos como uno de los riesgos principales de estos sistemas. Cuatro preguntas ayudan a evitarlo.
Dale solo lo que necesita para su tarea. Si solo tiene que leer facturas, no necesita poder emitirlas. Empieza con permisos de lectura y amplíalos cuando haya demostrado que funciona.
Decide de antemano qué acciones no se hacen sin una persona: mover dinero, borrar datos, firmar o enviar algo que no se pueda deshacer. Lo demás puede ir solo.
Debes poder responder qué hizo, cuándo y con qué autorización. Si un cliente reclama o hay una incidencia, ese registro es lo primero que vas a necesitar.
No le des tu contraseña. Usa accesos propios y limitados que puedas retirar en cualquier momento, sin cambiar nada más. Y si maneja datos de clientes, revisa con tu asesor qué exige el RGPD.
Elige una tarea repetitiva, con poco riesgo y fácil de comprobar. Mide los errores durante unas semanas y solo entonces dale más margen. La confianza en un agente se gana igual que en una persona nueva: tarea a tarea.
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